Ojo y tiroides, una extraña pareja

El globo ocular y el resto del sistema visual establecen relaciones con otros muchos órganos y funciones del cuerpo humano. Es particularmente interesante la relación entre el ojo y la glándula tiroides. La glándula tiroides se sitúa en la parte anterior de la base del cuello y se encarga de producir hormonas de gran importancia […]

El globo ocular y el resto del sistema visual establecen relaciones con otros muchos órganos y funciones del cuerpo humano. Es particularmente interesante la relación entre el ojo y la glándula tiroides.

La glándula tiroides se sitúa en la parte anterior de la base del cuello y se encarga de producir hormonas de gran importancia en el control metabólico. El signo que con más frecuencia manifiesta esta relación ojo-tiroides es la protrusión de los ojos hacia fuera, el exoftalmos.

La apariencia de ojos salidos puede ser causada por varias enfermedades, entre ellas la más frecuente es la enfermedad de Graves-Basedow.

¿Cómo se manifiesta?

A nivel del tiroides se produce un aumento en la secreción de hormonas causando el cuadro clínico llamado hipertiroidismo. A nivel de la órbita, es decir, el tejido que se encuentra detrás del globo ocular, se produce una inflamación en los músculos y la grasa, aumentando éstos de volumen, y produciendo un desplazamiento de los ojos hacia delante (exoftalmos).

Además del exoftalmos, las manifestaciones clínicas de la oftalmopatía asociada al tiroides son las siguientes: retracción palpebral (ojos muy abiertos), hinchazón de los párpados, sensación de cuerpo extraño debido a pequeñas lesiones en la córnea, visión doble, aumento de la presión intraocular y pérdida visual. Sin embargo, existe una gran variabilidad clínica entre los pacientes, pudiendo presentar parte de estos signos o síntomas, y en diferentes grados de intensidad.

La evolución de la enfermedad de Graves-Basedow es hacia la curación espontánea, pero ésta puede tardar entre 1-4 años, precisando algún tipo de tratamiento mientras tanto. El hipertiroidismo puede tratarse mediante varios métodos, ya sean fármacos, yodo radioactivo o intervención quirúrgica. La mayoría de los cuales los realiza el endocrinólogo, y no el oftalmólogo. No siempre que se consigue un control de la función tiroidea se continua de una mejoría de los problemas oftalmológicos; la causa es muy simple, el origen de la enfermedad reside en una reacción inmunitaria que afecta al tiroides y la órbita independientemente, no es la enfermedad tiroidea la que produce las lesiones oculares sino unos anticuerpos que circulan por el torrente sanguíneo.

¿Cómo se trata?

En este sentido podemos encontrar 4 grupos de pacientes:

  1. Oftalmopatía activa leve, por ejemplo, leve exoftalmos y edema acompañados de retracción palpebral que producen escasos síntomas. Este grupo precisa pocos o ningún cuidado médico.
  2. Oftalmopatía activa moderada, por ejemplo, exoftalmos, edema, retracción palpebral, molestias corneales, aumento de la presión intraocular o visión doble. Este grupo precisa ser controlado con mayor frecuencia, aplicando algún tratamiento según el problema de los citados que esté sufriendo.
  3. Oftalmopatía activa severa, por ejemplo, las manifestaciones del grupo anterior con mayor gravedad y acompañados de pérdida de la visión. Aquí habrá que actuar con rapidez para salvar la visión del ojo o los ojos afectos, precisando tratamientos antiinflamatorios agresivos y, frecuentemente, intervenciones quirúrgicas, tales como la descompresión orbitaria.
  4. Oftalmopatía inactiva. Son las secuelas que deja la enfermedad una vez curadas. A menudo, se precisa una o varias intervenciones para devolver a los ojos una apariencia lo más cercana a la normalidad.

A continuación voy a resumir los tratamientos, que desde el punto de vista oftalmológico, están disponibles para mejorar la situación de estos pacientes. En primer lugar, hay que diferenciar si los padecimientos oculares están en la fase activa o inactiva de la enfermedad puesto que la actitud a tomar puede ser muy distinta.

Las formas activas pueden precisar una o varias de las siguientes medidas terapéuticas:

  1. Lagrimas artificiales son útiles para aliviar los síntomas derivados de los fenómenos de sequedad ocular.
  2. El aumento progresivo del hinchazón inflamatorio de los párpados y la órbita puede frenarse con tratamiento corticoideo oral.
  3. La visión doble se controla con la aplicación de prismas sobre unas gafas y posteriormente, si no se cura, se pasa a realizar una intervención quirúrgica de estrabismo.
  4. El aumento de la presión intraocular se trata con colirios antiglaucomatosos y, solamente, si se mantiene demasiado alta de forma continuada deberá ser intervenida.
  5. El exoftalmos con visión doble y aumento de la presión puede tratarse mediante la técnica de la descompresión orbitaria. En esta intervención, se retiran entre una y tres paredes óseas orbitarias para permitir la expansión de los tejidos orbitarios inflamados y reducir el exoftalmos. La relación beneficio / riesgo de esta intervención, en manos de un experto, es muy buena.
  6. La pérdida visual precisa una actuación urgente mediante terapia corticoidea intensiva o radioterapia, seguidos de descompresión orbitaria.

En cambio, en la fase de inactividad de la enfermedad o fase de secuelas, la situación oftalmológica del paciente, sin ser peligrosa, va a mantenerse patológicamente estable en el futuro. Aquí, de lo que se trata es de corregir las diversas deformaciones que pudieran haber quedado. Los tratamientos deben seguir un estricto orden:

  1. Cirugía de descompresión orbitaria para disminuir el exoftalmos.
  2. Cirugía de estrabismo para reducir o curar la visión doble.
  3. Cirugía de la retracción palpebral para disminuir la excesiva abertura ocular y, así, proteger la córnea y eliminar el aspecto de mirada asustada.
  4. Cirugía estética de las bolsas palpebrales.

Aunque algunos pacientes deben ser intervenidos en más de una ocasión los resultados son muy buenos restableciendo el estado ocular lo más próximo hacia la normalidad. No hay que olvidar que tal y como se realiza este tipo de intervenciones se garantizan unas cicatrices mínimas o imperceptibles.